Sánchez, patinando por donde el hielo es más fino

Sanchez, resistir y no fajarse en los bajos fondos

Sánchez, patinando por donde el hielo es más fino

Si en algo es especialista Pedro Sánchez es en transitar por donde el hielo es más fino y siempre alcanzar sus metas. Su trayectoria épica ya empezó en Sarajevo, con veintiocho años, se vio las caras con criminales de guerra y genocidas, y consiguió los acuerdos para la pacificación de la región en la guerra de los balcanes. Después se enfrentó a todo el cuerpo de oficiales y caballeros del Psoe, puso el partido centenario patas arriba y se ganó a una militancia que lo llevó, en volandas y por la puerta grande, de vuelta a Ferraz. Contra todo pronóstico, ha ganado cinco elecciones y contra todo pronóstico ha aglutinado en torno suyo 188 votos para aprobar los Presupuestos. Todo ello en medio de la peor crisis sanitaria que ha dejado un reguero de tristeza, drama y muerte por todo el país, poniendo a prueba la Sanidad Pública, y soportanto una campaña salvaje de acoso y derribo por la derecha y juego sucio por la izquierda, con los independentistas tirando de la ubre de mamá Estado, y la Corona tambaleando...

La derecha y extrema derecha le acosaron sin piedad para evitar que hablara con los “filoetarras e independentistas”, y con ellos, legítimamente ha conseguido las mayores cohesiones para sacar adelante leyes sociales, progresistas y hasta un acercamiento y más cohesión territorial, camino de un pleno estado Federal, tipo Alemania, sin que España ni se haya roto, ni se vaya a romper. Al contrario.

Por la izquierda, Iglesias le negó dos veces y le forzó a repetir unas elecciones -por primera vez en la historia- que tenía ganadas la izquierda, dejando gobernar a Rajoy, porque no le daban un par de sillones ministeriales a él y a su esposa. La misma izquierda que aunque, algo va aprendiendo de leyes y respeto a la Constitución dentro del Gobierno de coalición, sigue sin abandonar la propaganda barata y la tentación del discurso populista y vacuo, que arrecia con una campaña de deslealtades en la que se encuadra, en estas últimas semanas, la excusa del momento: la Corona. Antes han sido la Ley Trans, las prisas por los desahucios sin previsiones para los propietarios, las prisas, las prisas, las prisas y las filtraciones a prensa para conseguir protagonismo a costa del chiste de hacer oposición al gobierno del que forman parte.

Y aún así, Sánchez sonríe, tapa los errores de novato a su socio con paciencia y sigue patinando por el hielo fino y acumulando escaños para seguir gobernando sin dejar a nadie atrás. En medio de la peor pandemia del siglo, no sólo mantiene impoluta su imagen sino que la mejora con nota, según los últimos resultados del CIS, donde por cierto, aumentan los apoyos socialistas casi dos puntos porcentuales, que se traducen en 11 escaños más que los actuales. Pasaría de 120 a 131. El PP y Podemos, bajan 10 y 5 escaños respectivamente, Vox, siete para abajo y Ciudadanos subiría 11, doblando sus resultados actuales.

Como periodista, siempre podré decir “yo estuve allí”. Creo que fue la única caravana electoral, al menos que yo recuerde, donde la prensa brillaba por su ausencia. Ni un sólo enviado, ni un solo corresponsal, ni un sólo medio, por pequeño que fuera, apostó por Pedro Sánchez en su desafío al potente aparato del Psoe, representado por Felipe, Guerra, Rubalcaba, Susana, Zapatero, los barones…Era David contra Goliat, y una prensa nacional tan esclerótica como el propio partido de 140 años, aburguesada, prefirió ignorarle y no darle ninguna opción, tras haber sido traicionado y expulsado con malas artes, por los suyos. Pero, tras nueves meses por las carreteras españolas, la prensa regional, “in situ”, impresionada, no tuvo más remedio que reflejar las pasiones que levantaba entre la militancia de base, con la Internacional y el puño en alto… finalmente barrió en las primarias y volvió a Ferraz por la puerta grande, contra todo pronóstico.

Y desde entonces, 21 de mayo del 2017, contra todo pronóstico ganó cinco elecciones en dos años, del 2018 al 2020. Una tras otra, locales, regionales, autonómicas, nacionales y europeas, con diferencia de resultados sobre el segundo partido, el PP, que cayó en picado herido en profundidad por sus propias corrupciones, y con su cúpula dirigente, de los tiempos de Rajoy, Aznar y Aguirre, juzgada y encerrada en la cárcel.

Azuzado y perseguido también por su izquierda, con un Podemos enfebrecido y apropiado del 15M que exaltaba a la juventud con el relato populista y bastante pasado de tuerca, de líderes latinos, de gobiernos venezolanos, bolivarianos o peronistas, con discursos harto demagógicos, para ignorantes de la política, pero que prendieron mecha en las adolescencias universitarias -como se ha demostrado- y con un Iglesias subidísimo, pagado de sí mismo y aupado por una prensa supuestamente progresista que también buscaba su lugar enfrentándose al socialismo como si fuera algo viejuno. Fueron unos años de lo "joven vale", lo "viejo que se retire". Hasta que Iglesias se leyó y descubrió La Constitución, claro, y la prensa que tanto le aupó, le dejó caer por su propio peso.

Pero lo peor fue el acoso brutal y carvernario de la derecha española más radical que se recuerda, con un PP echado al monte que competía y compite con la ultraderecha, crispando y alborotando permanentemente el avispero político, de la mano de toda una caverna mediática, a la que el nuevo Psoe, rejuvenecido y modernizado, no ha tenido el placer ni el tiempo todavía de seducir puesto que Sánchez ha seguido a lo suyo, a gobernar. Y así, como en Sarajevo, como en Ferraz, Sánchez le puso cuerpo a todos y patinando por la línea del páramo, fue conquistando voto a voto, el sentido común de las clases medias trabajadoras, cautas y silenciosas, poco amantes del ruido y la crispación. Caminando entre las dos trincheras, la de la izquierda populista, con su infantil prepotencia y su prensa amiga, y la de la derecha ultramontana, enrabietada por haber sido desalojada del poder de golpe y porrazo. Recuérdese que Rajoy abandonó Moncloa, de un día a otro, cuando el 18 de junio de 2018, Sánchez le ganó de mano la moción de censura y fue investido presidente. Ya en aquel acto, con solo 84 escaños, supo aglutinar en torno a su persona 180 escaños, ocho menos de los que ha aglutinado, juntando a diez partidos diferentes (así está de atomizado el Parlamente español) para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado (188 escaños).

Pero desde luego, cuando la capa de hielo se hizo insoportablemente fina, ha sido a partir del 14 de marzo de este 2020, cuando el mundo se despertó con la pesadilla de una pandemia mundial, encerrados en nuestras casas, escuchando las sirenas de bomberos, ambulancias y policías, transportando heridos y muertos, con las UCI saturadas de enfermos sin viabilidad, y los Palacios de Hielo, sustituyendo a las morgues que no daban abasto. Entre cincuenta y setenta mil muertos, entre probados, sospechosos y colaterales, casi dos millones de diagnosticados y miles de recuperados con fuertes secuelas, en España, y casi 80 millones de diagnosticados y cerca de dos millones de muertos, en el mundo. Cuando esta tragedia ha sido utilizada por sus adversarios, e incluso por sus colaboradores políticos, para desgastar, culpar, derrocar, o sacar la cabeza y buscar protagonismo entre las muertes…

También Sánchez, con un equipo de hierro, ha sabido seguir patinando y avanzando para sacar adelante las leyes más sociales y humanitarias, y conseguir una lluvia de millones de los Fondos Europeos, para reestructurar el país y convertir esta pandemia en la gran oportunidad de modernizar España poniendo en marcha tres de los retos más importantes de nuestro siglo: la transición ecológica, la transición digital, y todo ello en el marco del reto de la Igualdad entre hombres y mujeres.

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