De monarquías, ruido de sables y reyes eméritos…

El Rey es nombrado Jefe de Estado en la Constitucion de 1978

De monarquías, ruido de sables y reyes eméritos…

Hace un poco más de 45 años que las gentes de izquierdas y bastantes republicanos de derechas, si, os aseguro que los hay, aceptamos pulpo como animal de compañía. Es una realidad. El 22 de noviembre de 1975, dos días después de la muerte de Francisco Franco y de acuerdo con la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado de 1947 y la Ley de 22 de julio de 1969 se proclamó a Juan Carlos I de España, como Rey de España. Fue una solución de consenso, pero seamos serios, para muchos de nosotros no fue la solución que nos hubiera gustado.

Existen ocasiones en que las que personas, también los políticos, tienen que tragar saliva y asumir que para velar por el bien común, a veces hay que transigir. La mayoría de líderes de las formaciones de izquierdas, a la muerte del dictador y genocida Franco, tuvieron que transigir en algo para poder llevar a cabo la famosa Transición desde un régimen fascista y totalitario hacia una democracia plena. Si, ahora ya se puede decir, durante este periodo tan convulso denominado como La Transición, España fue una democracia “vigilada” y tutelada”, no solo por los poderes fácticos herederos del franquismo, sino también y principalmente, por los Estados Unidos de América que siempre, sobre todo en ese periodo, prefirió apoyar a las dictaduras de derechas antes de cualquier posible deriva hacia democracias “populares” de corte socialista o comunista.

No debemos nunca olvidar que el último régimen democrático instaurado en España antes de la rebelión militar que acabo en la dictadura de Franco, fue la II Republica, con sus luces y sus sombras que también tuvo y muchas, y que el “Generalisimo” fue el artífice, incluso en contra de la opinión de algunos sectores monárquicos, de la imposición como heredero de la corona de España al ahora Rey emérito Juan Carlos I. Pero después del fallecimiento del dictador no era el momento de volver a tensionar y dividir otra vez a España en dos bloques. Se aceptó pulpo como animal de compañía y a Juan Carlos como Rey de España.

Cuarenta y cinco años después, parece que la cosa ha funcionado relativamente bien, al menos nuestro país ha disfrutado de una estabilidad institucional imprescindible para hacer frente a las zozobras de sables y regresión nostálgica que hemos vivido. Si bien, mucho se ha escrito de la firmeza de Juan Carlos I a la hora de detener el golpe de Estado del 23F (1981), somos muchos los que no tenemos claro del todo, cual fue el verdadero papel del Rey en muchos momentos claves en ese periodo. La mítica frase del 23 F dirigida a Jordi Pujol, por entonces presidente de la Generalitat, "traquilo Jordi", devolvió el aliento a millones de españoles que ya veían consolidado el levantamiento militar y la vuelta a la dictadura.

El tiempo pasa, ya estamos en el siglo XXI y a España se la considera como una de las pocas democracias plenas (no llegan a 20) que existen en todo el orbe. Incluso con una forma de Estado heredada del franquismo. Juegos malabares de un consenso entre formaciones políticas que confrontaron a cañonazos durante la guerra civil en trincheras diferentes, con millones de muertos en ambos lados.

Ahora descubren las masas, -porque antes todos los sabían pero nadie lo publicaba- algo que era vox pópuli entre los poderes fácticos de España, directores de periódicos, grandes empresarios, etc, y es que nuestro, ya jubilado, jefe del Estado, era aficionado en exceso a las mujeres, a las amantes, a las comisiones multimillonarias de sus “hermanos árabes”, y que esto, que durante décadas ha contado con la “complicidad de políticos, banqueros, empresarios, periodistas, editores…”, ahora es causa de linchamiento e hipocresía popular. Estos comportamientos y este amor al dinero y a los excesos, es tan poco ético ahora, como lo fue durante décadas. La diferencia es que el emérito “ya no goza de inviolabilidad” y por tanto algunos de sus actos, solo desde hace cuatro años, podrían ser constitutivos de diferentes delitos fiscales y económicos.

Pero que queréis que os diga, las personas a veces tenemos comportamientos inapropiados, incluso los reyes en las monarquías y los presidentes de las Repúblicas. Cierto. Una cosa es cuestionar a las personas y otra a las Instituciones de un estado democrático, pero precisamente, por ser regímenes democráticos existen cauces legales para cesar a los Jefes del Estado que delinquen o que tienen comportamientos poco apropiados, y si no que se lo pregunten al señor Trump, o incluso al señor Sarkozy. Con ello quiero dejar claro y meridiano, que juzgar a Sarkozy, no significa cuestionar la institución de Presidente de la República francesa. Y eso precisamente, es lo que no se cansa a repetir nuestro presidente del Gobierno de España: que cuestionar hábitos privados de la persona, no implica cuestionar el cargo institucional.

Acordaos que fui educado en Francia, con los valores promovidos por la República francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad, y quizá por ello, me cuesta entender, como se puede heredar por razones de sangre la jefatura de un Estado democrático. Yo siempre he querido elegir, o no, a la máxima autoridad de mi país, incluso al Jefe del Estado, y el poder cesarlo cuando el pueblo soberano o sus representantes así lo consideren. Pese a todo ello, escucho con atención al presidente de mi Gobierno, líder del Psoe, un partido con 142 años de historia, cuando dice que durante la construcción de la Carta Magna del 78, el Psoe fue el único partido que votó en contra de la Monarquía -no así el Partido Comunista que se abstuvo aunque ahora vayan de descubridores del petróleo- Y que perdió la votación. Por ello, asumieron los socialistas, desde entonces y hasta ahora, el acatamiento de todos los puntos de la Carta Magna de la Constitución del 1978, y juraron respetarla y cumplirla. De principio a fin. No sólo cumplir con los artículos que gustan y no cumplir con los que no gustan, como hacen otros partidos, como el PP, Vox, e incluso los comunistas, de Podemos y de Izquierda Unida.

Además de todo ello, y dado el momento trágico de pandemia que estamos viviendo, no creo que sea el momento adecuado para intentar promover un cambio de régimen en España para pasar a una República Federal Española. Por varias razones:

1- La coyuntura de crisis sanitaria y económica. Nuestros gobernantes deben priorizar, lo urgente e importante es salvar vidas y sacarnos de la crisis económica. Ahora que vamos a sacar adelante unos PGE acordes a las necesidades actuales de nuestros conciudadanos, ahora que se han desbloqueado los fondos europeos para la reconstrucción, 140 mil millones de euros entre subvenciones y préstamos, que llegarán en los próximos ejercicios. No demos desviarnos de estos objetivos.

2- El auge del fascismo en Europa y sobre todo en España, hace que cualquier movimiento por parte de las fuerzas progresistas en relación a un posible cambio de régimen va a ser aprovechado para intentar trasladar que los republicamos queremos romper España. No les demos argumentos para hacerse más fuertes con sus estrategias de comunicación tan populistas.

3-Tampoco hay suficientes apoyos ni consenso político. No hay suficientes apoyos en el parlamento para ni siquiera intentar abrir un debate sobre la cuestión y mucho menos para modificar nuestra Constitución.

4- La Monarquía en España, como en otras grandes democracias europeas, goza de gran apoyo popular, incluso progresista. Me guste o no, es obvio que la monarquía española sigue teniendo un gran apoyo por parte de los ciudadanos españoles. Incluso en monarquías como Reino Unido, Bélgica, Suecia, Dinamarca, Holanda, democracias muy avanzadas y plenas, la monarquía es una tradición incuestionable.

En resumen. A los que pensamos como yo, nos gustaría, en un futuro, plantear de forma sería y serena el cambio de forma de Estado hacia una República, pero desde luego aún no ha llegado ese momento. Y mientras llega ese momento, -si es que llega- debemos todos los verdaderos demócratas, ser leales a todas y cada una de las instituciones del Estado, incluida la Corona.

Da la sensación de que las nuevas generaciones de españoles -al menos comunistas y de Podemos- son cada vez más antimonárquicos. Posiblemente llegará el momento -aunque en los países europeos de tradición monárquica nunca ha llegado y no es pevisible que llegue- pero tendrá que ser porque la sociedad lo demande de forma generalizada. No podemos imponer nuestras ideas por muy convencidos que estemos de sus bondades.

¡Salud y república….cuando toque….!

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