Desde Trump a Ayuso, políticos que ayudan a lavar las conciencias de los más irresponsables

Desde Trump a Ayuso, políticos que ayudan a lavar las conciencias de los más irresponsables

Viendo la evolución de la transmisión del Covid19 en España, en Europa y el en el resto del mundo es obvio que algo estamos haciendo mal, nosotros, la ciudadanía, en esta guerra contra la enfermedad en la que todos deberíamos estar implicados. De nuestra responsabilidad o irresponsabilidad penden muchas vidas. Y lo sabemos. Podemos tranquilizar nuestra conciencia, o “desconciencia” saliendo caprichosamente a los bares, restaurantes, viajes, compras, hoteles, o a manifestarnos cuerpo a cuerpo y gritando sin mascarillas, repitiendo como loritos consignas ultraliberales de que "hay mover la economía". Y después les llevamos el virus a los nuestros a casa. Pero estos movimientos son falsos, y lo sabemos. Porque poca economía hay que valga más que la vida humana. Aunque algunos políticos incompetentes y desalmados nos empujan a creer que si tienen que morir los vulnerables y mayores, para salvar la economía bien vale la pena. Tenemos ejemplos mundiales claros como Trump, Bolsonaro, Johnson, y aquí en España, mire usted por donde, nos ha salido una marioneta que sigue los dictados de sus jefes, en la línea ultraliberal de Aznar, M.A. Rodríguez, Casado, Abascal, Espinosa, Smith, Olona, etc. No podemos dejar que estos personajes sean los que laven las conciencias de los irresponsables.

Sabemos que el freno, el verdadero y auténtico freno, a esta peste que nos invade está en nosotros: en cambiar por el tiempo que haga falta, nuestros hábitos. Ni ir a bares, ni comer o socializar con nuestros amigos o familiares, ni ir de tiendas, el que pueda, paseos al aire libre, trabajar en casa -todo el que pueda- y aislarse, sobre todo aislarse, es el arma más letal y eficaz contra un virus que necesita de los contactos entre la gente. La vida de nuestros mayores y vulnerables ahora más que nunca pende de nuestros hábitos. Tenemos que ser capaces de sacrificarnos y dejar de escuchar los cantos de sirenas ultraliberales, de políticos con tintes de ultra derecha que anteponen la economía por delante de las vidas humanas. Especialmente cuando este virus ha demostrado que los que están en primera línea de batalla, con todas las posibilidades de ser bajas, son los enfermos, vulnerables, pobres y mayores. Porque el virus si discrimina: discrimina entre los que pueden vivir en cómodas casas aislados en el campo, y los trabajadores urbanitas que cada día han de acudir a su puesto físico de trabajo, en transportes abarrotados y que se llevan el virus a los suyos, especialmente padres y abuelos.

Y aún así, son muchísimos, a tenor de las informaciones que inundan a diario los informativos, los que se quejan de no poder seguir con su facilona vida de consumismo. Desde Bilbao, a Barcelona, Burgos, Zamora, Logroño, Sevilla, Santander o Madrid, hay violentos disturbios con saqueos de vulgares delincuentes, ultras y negacionistas que minimizan la pandemia y piden olvidarse de las mascarillas, de las vacunas, o de que existe lo obvio: un virus que ya ha matado a más de 35.000 personas en España, contagia a más de un millón doscientas mil personas, verificadas por PCR. Y que en Europa ha matado a un millón de personas y contagiado a otros diez millones. Por eso, por estos datos, es ridículo negar su existencia y su gravedad.

Otros, que no llegan al límite de ser ultras negacionistas, adoptan la postura facilona y burguesa de culpar a los políticos y a los científicos, especialmente a los más responsables, los que se arremangan y se entregan a la causa sin descanso. Pasando por alto que ellos, precisamente ellos, los que están en primera línea de la pandemia, muchas veces llevan sin ver a su familiares meses, apenas van a su casa, trabajan quince horas diarias, sábados y domingos y no se mueven de su puesto de trabajo. Y así llevan casi nueve meses. Pueden diseñar líneas de rastreo, seguimiento, actuación, pero sin nuestra ayuda -no solo de las mayorías, que la tienen, sino también de las minorías irresponsables- el freno al virus no será todo lo eficaz que necesitamos. Son todos aquellos que, no sólo en esta época de pandemia que nos ha tocado vivir, sino en general, tendemos siempre a echar la culpa a los demás. La culpa siempre la tienen los ”otros”.

En este caso que nos ocupa, los primeros a los que señalamos como los principales culpables de esta tragedia sanitaria, es a los políticos, pero de forma equistante y por igual. Sin molestarnos en distinguir "quien hace y quien deshace". Así, generalizando, que eso siempre lo hacemos muy bien. Ellos son los verdaderos culpables, los que están al mando. Nos da lo mismo que ellos y sus familiares estén sufriendo como el resto de la ciudadanía contagios, hospitalizaciones y fallecimientos. No hay nada mejor para tranquilizar a nuestra propia conciencia como echarles la culpa a nuestros dirigentes. Cierto es que estos últimos y los diferentes líderes políticos son los responsables de encabezar esta lucha contra el maldito virus, que para eso les pagamos. Pero como siempre digo, en la vida no es todo es o blanco, o negro, existe una infinidad de matices cromáticos. Y no es lo mismo, los que se arremangan, desviven, y toman medidas a diario, que los que acuden al Congreso a poner palos en las ruedas y crispar.

No es igual la gestión contra la pandemia que están llevando a cabo algunos irresponsables políticos, y en este punto me atrevo a señalar a personajes tales como Trump, Bolsonaro, Johnson, y como no, nuestra histriónica y peligrosa Isabel Díaz Ayuso, que la sacrificada y poco valorada labor, que muchos políticos, como Sánchez, Macron, Merkel, Conte, y sus ministros de Sanidad, están desarrollando, incluso sacrificando su vida personal, para evitar muertes e intentar minimizar dentro de lo posible los efectos negativos de la crisis económica.

No, no es lo mismo, intentar buscar e implementar medidas razonables para frenar la transmisión de este virus basadas en los datos que aportan científicos y especialistas, que simplemente, hacer discursos populistas, o victimistas para sacar réditos políticos de esta tragedia. Cuidado, no estoy afirmando que no haya habido errores en la gestión anti pandémica realizada por parte de nuestros representantes, pero a mi me consta que a muchos les mueve un motivo, frenar la enfermedad como sea, pero a otros no, y esta es la diferencia. No, no es lo mismo cometer errores desde la buena fe, que decretar medidas para conseguir alcanzar objetivos espurios y que no tienen nada que ver con la vida y salud de los ciudadanos.

La culpa siempre la tienen los demás, está claro. Que nos obliguen a ir a trabajar pero que nos cierren los bares y restaurantes no son medidas coherentes como afirman con las mascarillas debajo de la barbilla algunos “especialistas de bar” , que se pueda pasar, como es en el caso de Euskadi, a los municipios colindantes para hacer deporte, pero, como criticaba una “exigente usuaria” del transporte púbico, no se pueda ir a comprar sus zapatos preferidos a otra ciudad es una incongruencia, una estupidez según esta airada ciudadana. Que no se pueda a ir a cenar a nuestro restaurante preferido que esta fuera de los límites de nuestro confinamiento debe de ser otra herejía según otro enfadado compañero de trabaja que cuando puede se escapa a una segunda vivienda y no entiende que se lo prohiban…

Hay que reconocer que para criticar y buscar objeciones los y las españolas debemos de ser de lo mejorcito que ha parido madre. Para los que ya hace mucho que peinamos canas, la culpa la tiene solo los jóvenes que se pasan la vida de fiesta en fiesta y de botellón en botellón. La juventud señala sin embargo a todos los puretas negacionistas, y “viejos” que no hacen caso de las recomendaciones. Los trabajadores “sabemos” que la culpa del avance de la enfermedad la tienen los empresarios que deberían mandarnos a todos a casa, eso sí, pero que no nos falte la nómina a fin de mes.

Para otros, la culpa la tienen los extranjeros, pero no todos, solo los inmigrantes, esos que cuidan a nuestros padres y abuelos y que desarrollan los trabajos que hace tiempo ningún español, esté en paro o no, quiere realizar. Y los más grave, es que encima les da tiempo para robarnos, llevarse todas las ayudas, ocupar nuestra viviendas y violar a nuestras mujeres…..

Pero si son rusos, alemanes, japoneses, estadounidenses, ingleses, etc da lo mismo que sean ciudadanos de a pie o miembros de la delincuencia organizada, que vengan por millones a salvar a nuestro sector turístico, que todo sabemos que el virus solo lo contagian los pobres…..

La culpa del desastre epidemiológico que estamos padeciendo otra vez en esta segunda ola afirman otros sesudos opinadores, es que en España no se ha hecho lo mismo que en China, debe de ser que se olvidan que en España se manifiesta la gente solo por la obligación de llevar mascarilla y en China más de uno y más de dos han acabado con las costillas rotas y unos meses de prisión por no llevarla en los espacios públicos.

Y así podría seguir indefinidamente, siempre y en todo caso, ninguno de nosotros es culpable de nada, puesto que es evidente que siempre lo son, “los otros”… En resumen, y como bien saben la mayoría de personas de más de 40 años, Gabinete Caligari, culpaba de sus penas al chachachá, y el resto de españoles también….

No seamos egoístas, no nos olvidemos que tenemos la relativa suerte de vivir en un país del llamado primer mundo, en otros sitios las personas mueren de hambre y de enfermedades que aquí ya hemos erradicado. Los sacrificios que nos exigen, sinceramente, o a mí me lo parecen, no son tan duros, igual es que todo depende de la vida que uno haya llevado….

En serio, dejemos de echar balones fuera, aquí todos y todas somos culpables de que el virus se siga transmitiendo, contagiando y matando personas. Unos serán más responsables que otros y llegará el momento de exigir cuentas, pero ahora mismo tenemos que volver a comportarnos como los hicimos en marzo. Seamos responsables, evitemos socializar, postpongamos celebraciones familiares, fiestas y cualquier evento social. Cumplamos con las medidas básicas de protección: distancia social, mascarilla, higiene de manos.

Tenemos que sacrificarnos, otra vez, pero es por nuestro propio bien, somos nosotros los que morimos. Utilicemos el sentido común, y no nos despistemos, esta pandemia la tenemos que parar nosotros, puesto que somos nosotros los que transmitimos el virus. Dejémonos de tonterías y de sarcasmos, si quieres a tu familia, a tus amigos y a tus compañeros de trabajos, evita contagiarlos

Estoy seguro que la pandemia pasará y superaremos la crisis económica, la humanidad siempre ha salido victoriosa frente a este tipo de amenazas, lo único que ha cambiado es que ahora está en nuestras manos que se queden muchas menos víctimas por el camino que antaño.

Lo podemos hacer y lo haremos, juntos, como siempre.

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