El auge de la extrema derecha pone en alerta a la sociedad alemana

El auge de la extrema derecha pone en alerta a la sociedad alemana

Hace unas semanas, las autoridades germanas detuvieron a un antiguo neonazi acusado de matar a un político local defensor de la acogida de inmigrantes. Se estima que más de 12.000 individuos de extrema derecha, potencialmente violentos, están dispuestos a actuar y los servicios secretos asumen que es imposible monitorizar a todos. Hasta la canciller alemana Angela Merkel admite que "se trata de un gran desafío para nosotros, para que reexaminemos a todos los niveles donde existen estas tendencias (...) y el Gobierno federal se toma esto muy en serio".

A principios de junio, el político local democristiano Wlter Lübcke, de 65 años, y presidente del distrito de Kassel, en el centro de Alemania, fue asesinado de un disparo en la cabeza cuando estaba en la terraza de su casa, en un municipio de la región. El líder político fallecido había tomado cierta fama por su defensa de los refugiados y su posición que abogaba por acoger a los inmigrantes. Precisamente hace unos años, en 2015, fue objeto de una campaña en su contra por parte de colectivos neonazis y su muerte fue celebrada con profusión en las redes sociales por estos mismos grupos.

La investigación policial no tuvo evidencias claras que investigar hasta que trazas de ADN de la víctima llevó a la policía de Hesse hasta el principal sospechoso Stephan Ernst, de 45 años. Su historial de extrema derecha y su participación en otros actos violentos hizo que el caso pasara a la Fiscalía General de Alemania que es la competente para investigar casos en materia de terrorismo y crimen organizado.

Pronto el caso se ha extendido por todo Alemania que ven en este asesinato con posible tintes xenófobos y racistas el posible despertar de grupos neonazis alemanes y toda la clase política del país se ha puesto en alerta. El ministro del interior, Horst Seehofer, declaró a pasada semana que "un atentado de extrema derecha contra un representante del Estado constituye una señal de alarma, y va dirigido contra todos nosotros. El político representante socialcristiano considera este asesinado la muestra evidente de que estamos ante un "peligro creciente" que puede hacer entrar al país en "una nueva dimensión".

La propia canciller Angela Merkel que compartía partido político con el asesinado, también se refirió al suceso y dijo hace unos días que "no solo se trata de un acto terrible, sino también de un gran desafío para nosotros, para que reexaminemos a todos los niveles donde existen tendencias de extrema derecha. Esto emplaza al Estado a todos los niveles, y el Gobierno federal se toma esto muy en serio".

Sobre las pesquisas del caso, el ministro del Interior ha hecho público que el sospechoso se ha negado a declarar y no se tiene constancia de otros actos delictivos desde el año 2009 cuando desaparición del "radar policial".

La Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV) alerta que según sus archivos puede haber más de 12.000 individuos pertenecientes a organizaciones de extrema derecha dispuestos a actuar en el país e incluso a llegar a asesinar a políticos, como ha ocurrido en este caso. Además, son conscientes que es imposible "monitorizar" a todos. También alertan de posibles "miembros durmientes" al igual que ocurre con el terrorismo islamista. Por todo ello, el ministro de Exteriores aleman, Heiko Mass, expresó la semana pasada en Twitter que Alemania tiene un "problema de terrorismo" ligado a la extrema derecha y conmina a todos a defenderse "¡ni un milímetro más para los enemigos de la libertad!", escribió el político.

UN ASESINATO QUE RECUERDA ALARMANTES SUCESOS DEL PASADO

El crimen de Kassel ha recordado otros sucesos de ataques de la ultraderecha. En octubre del 2015, la que hoy es alcaldesa de Colonia, Henriette Reker, fue apuñalada mientras hacía campaña en un mercado. El agresor admitió que su motivación para el ataque era xenófoba ya que consideraba que la política era responsable de que se prestara atención a los refugiados en la ciudad.

Andreas Hollsteins, de la localidad renana de Altena, fue otro político acuchillado por otro reconocido activista de la extrema derecha. Durante el ataque, el individuo le gritó que "usted me deja morir de sed y hace venir a 200 refugiados".

Tras el asesinato de Lübcke, los dos políticos víctimas de los anteriores ataques han vuelto a ser amenazados y se pide que el Estado les proporcione la protección adecuada para evitar males mayores.

Los investigadores del asesinato siguen trabajando sobre el caso del asesinato para tratar de encontrar el arma homicida y, sobre todo, para saber si el sospechoso estaba solo o pertenece a un grupúsculo peligroso que pueda seguir cometiendo ataques. En la memoria de todos están las acciones del denominado Clandestinidad Nacionalsocialista que entre el 2000 y el 2007 mató a diez personas en distintas ciudades de Alemania. Sus víctimas fueron pequeños comerciantes de origen turco y griego y lo que en principio fue tratado como ajustes de cuentas entre extranjeros, escondía crímenes racistas que, además, se cometieron siempre con la misma pistola.

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