La derecha española aprendiendo de Trump y Bolsonaro...

La derecha española aprendiendo de Trump y Bolsonaro...

Cuando la directora de La Hora Digital, Concha Minguela, me propuso hace semanas que me sumara a su nuevo proyecto periodístico, tomé como punto de partida el asunto de las "fake news".

Lo hice así no sólo por ser un contenido que enlazaba con mi inquietud por la comunicación política, sino que consideraba de interés general abordar una trama que se asomó en las elecciones norteamericanas primero, en las brasileñas después.

Hete aquí que, unos cuantos artículos después, nos encontramos con que la cuestión se ha instalado en nuestro devenir político nacional. Y de manera exponencialmente creciente desde que los nuevos caudillos de la derecha, Casado, Abascal y Rivera, se han instalado en sus atalayas mediáticas.

Y aunque quería haber terminado el último análisis sobre las noticias falsas que tengo pendiente ("Las fake news y el populismo fascista: unos precedentes -I), el titular con el que he almorzado esta mañana ("Sánchez busca el aval de las urnas a su diálogo con Torra", por poner uno cualquiera de la caverna mediática) ha disparado mi rabia y me ha animado a saltarme el orden de escritura.

Aunque siempre ha existido en nuestras relaciones socialpolíticas, la reciente apuesta por la torva adulteración informativa; por anteponer el insulto como sujeto, verbo y predicado de cualquier acción; y por provocar la ira en esta campaña que ahora comenzamos, es un camino sin retorno que ha tomado la derecha #trifachita para llevar a la ciudadanía al lodazal de las pasiones viscerales. Pero cimentadas sobre la mentira y la falsificación del mensaje (a veces burda, otras no tanto). Como buenos herederos de la soez manipulación política que ejerce su admirado Trump, instan a la negación del adversario (la socialdemocracia en general, Sánchez en particular) para alimentar la hidra de las pasiones viscerales que empuja a la ciudadanía a votar con las tripas, a ejercer su derecho de voto desde una "vendeta" llena de cólera y rabia interior.

De tal manera que estos revanchistas de la política más artera pretenden avasallarnos no sólo nuestras razones políticas, sino también nuestro derecho a disentir o actuar de manera diferente a la derecha radical: el miedo al ‘ellos’ (PSOE) que impide al ‘nosotros’ (Cs+PP+Vox) ser feliz.

Es cierto que nada es improvisado. Está todo muy medido puesto que la política iracunda contagia y polariza con tal agresividad que disuade a los sensatos mal informados. Como expresa muy bien mi admirado Antoni Gutiérrez-Rubí, "la polarización inhibe a los tolerantes, intimida a los moderados y embarra el campo de juego democrático contaminando a los rivales de odio y beligerancia".

Pero como muy bien nos ha recordado Pedro Sánchez esta mañana en Sevilla, no hay que tener miedo a extrema derecha porque siempre ha estado y siempre ha sido votada bajo unas siglas u otras: “La derecha entiende una sola España en la que caben ellos y quienes piensan como ellos y nosotros defendemos una España en la que cabemos todos y todas”.

La necesidad de reivindicar una política útil, cargada de sentido común, desde el respeto y la tolerancia, que una a los españoles y deje de enfrentarlos, también lo expresó hace unos días nuestro Secretario Ejecutivo de Coordinación Territorial, Santos Cerdán, cuando en una tribuna de El País, nos recordaba que "a España hay que defenderla con la razón, no solo con la emoción. La idea de España no se defiende con la exclusión o la división que alientan las derechas. Desde la izquierda española creemos que se debe utilizar el diálogo y la búsqueda del consenso. Aspiramos a un proyecto de país amable, mestizo, diverso y socialmente cohesionado".

En este alegato que se aleja de la agitación emocional y del insulto es donde se encuentra nuestro relato político ganador. Todo lo que sea aplicar nuestra prédica socialista desde la pedagogía y la razón nos acercará a una ciudadanía que, quiero creer, aún mantiene el ánimo sereno y procura estar informado desde la lógica y la sensatez.

Porque esas son las cualidades que alejan a un ciudadano de la masa que se convierte en una turba empujada por la manipulación informativa (por ejemplo: Cataluña, la lucha contra la violencia de género), las informaciones falsas (el feminismo, las pensiones, el mercado de trabajo); las "fake news" como motor de un objetivo que, no lo olvidemos, no busca la recuperación de un espacio político (o territorial, según les parece), aunque se exija de manera vociferante: sólo proclama venganza, que es otra cosa muy diferente.

Como nos recordó muy bien Pedro Sánchez en Sevilla: la derecha #trifachita no está hablando de Cataluña sino que habla de la España en la que no cabemos todos, "mientras que la España de los socialistas es solidaria, europeísta y está orgullosa de los derechos conquistados”. Pues eso.

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