Pau Mari-Klose: "España no puede ser una gran potencia de Europa y tener un índice de pobreza infantil entre los más altos"

Pau Mari-Klose: "España no puede ser una gran potencia de Europa y tener un índice de pobreza infantil entre los más altos"

"La pobreza infantil era una cuestión pendiente de nuestro Estado de Bienestar. La creación del Alto Comisionado, tiene el claro objetivo de integrar y ayudar a las diferentes Administraciones para desarrollar políticas que palien las necesidades de la infancia", es una de las primeras cosas que Pau Marí-Klose nos dice en su despacho mientras se desgrana una interesantísima entrevista sobre la extremada situación de vulnerabilidad que en España padece no solo la infancia, sino la adolescencia. Supone problemas de malnutrición, de escolaridad, de vivienda y energía, por supuesto de oportunidades y nula opción de acogerse a una educación secundaria y no digamos universitaria.

Es uno de los mayores expertos en pobreza infantil de nuestro país. Lo fichó quien hoy es Ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo, cuando tras la moción de censura se hizo cargo de la constitución de la Oficina del Alto Comisionado para la Lucha Contra la Pobreza Infantil. En principio iba a ser su número dos, el colaborador principal, pero tras la crisis de Gobierno, Carcedo fue nombrada Ministra de Sanidad y él se hizo cargo de esta Oficina. Doctor en Sociología por la Universidad Autónoma de Madrid, ha investigado mucho sobre pobreza, infancia y Estado de bienestar. Prácticamente un "tecnócrata", aunque más bien es un humanista, de esos que alguna gente siempre reclama para ocupar puestos en política. Ha formado a su alrededor un equipo de profesionales tan "tecnócratas" como él, buscando darle a esta Oficina un tono propositivo para ganar en influencia en los Ministerios: saben lo que quieren y van a por ello.

- La oficina de este Alto Comisionado está junto a Presidencia, pero si algo hemos aprendido sobre políticas públicas es que si no están en presupuestos no existen. ¿Es la pobreza infantil un punto en los presupuestos que intenta aprobar el Gobierno?

En los presupuestos propuestos de 2019 sí. Es claramente un cambio de rumbo. Nosotros nos enfrentábamos a una situación en la que la pobreza infantil había sido sistemáticamente ignorada. Me atrevería a decir más: es una cuestión pendiente de nuestro Estado de Bienestar. Nosotros como Partido Socialista construimos un Estado de Bienestar en muchos sentidos modélico. Construimos un Estado de Bienestar con buenas pensiones, consolidamos el sistema sanitario, lo hicimos universal, lo convertimos en un sistema sanitario que encabeza los rankings mundiales en términos de eficiencia, de resultados, de eficacia. Incluso educación. En algunas ocasiones se cuestiona la eficacia del sistema educativo de una forma un poco burda. Hay temas pendientes, pero se ha conseguido un aumento increíble en la incorporación de jóvenes en el nivel educativo superior. La proporción de jóvenes que se gradúan en la Universidad es altísima y veníamos de muy atrás. Evidentemente hay un problema de fracaso escolar, que se relaciona con la pobreza infantil. Este Estado de Bienestar ha superado retos muy difíciles, como la descentralización.

- Pero teníamos niños que no comían tres veces al día...

Teníamos niños con niveles bajos de protección. Es decir, tasas de pobreza infantil muy altas y absolutamente anómalas en una perspectiva de comparación internacional. Salimos en los rankings junto a Rumanía o Bulgaria, con todo el respeto, pero no son países con los que por nivel de desarrollo del Estado de Bienestar debamos estar en este tema. Tenemos además tasas muy altas de pobreza entre los niños anómalas respecto a otros grupos de edad. La crisis incorporó al club a jóvenes. De esta manera niños y jóvenes son los colectivos más vulnerables respecto a la pobreza. Evidentemente, la creación del Alto Comisionado representa un compromiso para corregir estas situaciones. Muchas veces la derecha acusa al presidente de haberse inventado esto, que no tiene recursos propios ni función ejecutiva. Este órgano existe en otros países como Gran Bretaña, Francia, Portugal o Nueva Zelanda.

El Comisionado es un instrumento para poner a trabajar a otros: ministerios y otros niveles de la Administración y con la sociedad civil. Con ello se quiere dar respuesta a necesidades muy acuciantes en pobreza infantil, situaciones que habían sido denunciadas por organizaciones de la sociedad civil, muchas veces encontrándose enfrente la hostilidad del Gobierno del momento. Montoro cuestionaba los informes de Cáritas sobre pobreza infantil, sus cifras, cifras que producía el propio Instituto Nacional de Estadística. La UE nos ha afeado reiteradamente esta situación.

- ¿Encuentra muchas resistencias en la coordinación institucional de su trabajo?

Me estoy encontrando gente que no reconoce el problema, pero mucho más en la oposición que en la misma Administración. No acaba de entenderse a veces el trabajo transversal. Se sorprenden de que seamos un órgano de la naturaleza que somos. ¿Un órgano sin capacidad ejecutiva propia, sin presupuestos propios, es útil? Sí, estamos para romper inercias, inercias que han impedido dar respuestas a problemas emergentes. En este caso un problema que estaba ahí y que la administración era incapaz de abordar. Nosotros estamos acompañando a los ministerios dispuestos a hacer cosas, ayudándolos a diseñar políticas, a desarrollar documentos de impacto presupuestario y social que van a tener las medidas, a coordinar esfuerzos cuando ante un mismo problema tienen que invertir distintos ministerios, a buscar fuentes de nuevos recursos para abordar el problema en la UE, o en el sector privado.

- En verano, nada más llegar, hubo una primera dotación monetaria para abrir comedores. ¿Nos podría ahora resumir los puntos fundamentales sobre los que están trabajando?

Sí, fue una línea para ocio educativo en verano y garantía alimentaria. Ahora hay líneas de actuación en diferentes ministerios. La medida principal contemplada en el proyecto de presupuestos es el inicio del despliegue del ingreso mínimo vital, una propuesta incluida en nuestro programa electoral para extender la garantía de rentas a los colectivos más vulnerables. Comenzaremos por las prestaciones por hijo a cargo, es decir, con el propósito de ayudar a las familias con niños en situación vulnerable. Esa partida la hemos mejorado significativamente. Se ha duplicado la asignación de 291 euros al año a 588 euros a las familias en pobreza extrema y las eximimos del copago de medicamentos, e incrementamos un 17% para familias en pobreza un escalón inmediatamente por encima. Llegamos con esta prestación a 1.300 000 niños y niñas, y a sus familias, casi 2 500 000 medio de personas. El impacto presupuestario total supone en torno a 200 millones en prestaciones por hijo a cargo, unos 88 millones de euros destinados al fin del copago de medicamentos para familias con niños, y otras cantidades destinadas a atender las consecuencias de la pobreza infantil. Estas consecuencias tienen que ver con falta de ocio educativo y comedor en verano, que serán abordadas con 25 millones de euros destinados para la Dirección General de Familias e Infancia. También se aborda con determinación el fracaso escolar, un fenómeno con mucha relación con la pobreza infantil. Los niños provenientes de familias del 20% más bajo de ingresos, a los 15 años, han repetido más. Prácticamente un 53% de ellos han repetido, frente al 8% del tramo más alto de ingresos. El abandono escolar es también más acusado entre los niños en situación de pobreza. Este fracaso se gesta muy temprano y sabemos que la intervención en el periodo 0-3 es lo más efectivo. En ese periodo se forman las funciones ejecutivas básicas, que tienen que ver con competencias muy elementales, con competencias alfanuméricas, la capacidad de concentrarse, de ser pacientes o de prestar atención. En las escuelas infantiles se produce una estimulación cognitiva que corrige desventajas que provienen de casa, que contribuyen a que los niños de hogares más desfavorecidos no lleguen al período de educación formal con déficits que condicionan sus aprendizajes. En este concepto se aportan 30 millones de euros nuevos y se ha abierto la posibilidad de que los superávits municipales se dediquen a escuela infantil. En total, las políticas de lucha contra la pobreza infantil suman en torno a 600 millones nuevos. Por eso hablamos de cambio de rumbo.

- Los Ayuntamientos siempre se han ocupado de las necesidades sociales de sus vulnerables, pero se quejaban de no tener recursos. Son la primera puerta a la que llaman...

- Sí, nosotros queremos reconocer el papel de los Ayuntamientos durante la crisis. Muchos de ellos han sido capaces de sacar adelante a muchas familias con programas muy innovadores. Hemos abierto canales de cooperación con la FEMP para dar valor a las buenas prácticas a nivel municipal. Tanto por lo que supone de reconocimiento a las corporaciones locales, que han mantenido el estandarte de la lucha contra la desigualdad cuando Estado y CCAA abdicaban de ello, como porque reconociendo a quienes lo hacen bien, se presiona a otros para que sigan el ejemplo. Hay buenas prácticas muy interesantes. En Madrid, por ejemplo, Fuenlabrada, es un caso excepcional. Es bueno que estas experiencias se conozcan.

- Una lacra contra la que habrá que luchar es la mendicidad infantil.

Nosotros tratamos de que la fotografía de la pobreza no sea esa. Existe un problema de marginalidad muy dramática, eso es indudable, pero la pobreza infantil en el primer mundo es otra cosa. No tiene la misma fisonomía que en los países del Tercer Mundo, de niños harapientos y extremadamente delgados. La realidad de la pobreza en España tiene otros perfiles. Tiene que ver con hogares donde la falta de recursos deteriora las relaciones de pareja y entre padres e hijos, donde tener la nevera llena los últimos días de mes es complicado, y los climas familiares se tensionan.

- Y qué me dice de la pobreza energética

Es una de las dimensiones de la pobreza. Se refiere a una de las cargas más importantes que se dan en los hogares con niños. Junto al alquiler o hipoteca, que se llevan a primeros de mes un 30 o 40% o más de los recursos de los que disponen estas familias. Esto genera un deterioro de las relaciones entre las personas que viven en estos hogares. Cuando la pobreza entra por la puerta, la tranquilidad sale por la ventana. También significa, por ejemplo, comer peor. No desnutrición, sino malnutrición. Una dieta no equilibrada, no fresca, no variada. Esto se relaciona con fenómenos de sobrepeso y obesidad. Pobreza es no tener oportunidad de participar en actividades en el colegio, de ocio. No hacer deporte porque supone tener que pagar unas cuotas y un equipamiento que resulta imposible pagar en casa. No tener clases de refuerzo si las necesitas o apoyo psicológico si se sufre algún tipo de malestar. Estas situaciones se acumulan y se hacen cada vez más difíciles de sobrellevar, dejando cicatrices que se arrastran hasta la vida adulta.

- Usted suele decir, "no luchar contra la pobreza infantil es una mala política de izquierdas..."

Efectivamente, la pobreza infantil es insoportable para una persona que abraza los valores de la izquierda, pero incluso es inaceptable desde una perspectiva no de izquierdas. Es verdad que suelo decir que "no luchar contra la pobreza infantil es una mala política de izquierdas, pero también es una mala política de centro y de derechas". La izquierda abraza valores de justicia social, igualdad de oportunidades, algo que la pobreza infantil conculca desde el primer momento. Nadie elige el hogar en el que nace, pero eso te condiciona la vida y como niño no tienes capacidad de revertir esa situación. Muchas veces, la derecha reprocha a los pobres que no se merecen sus ayudas. Aquel "es que se lo gastan en teles de plasma" que decía Andrea Fabra. Eso no se le puede decir a un niño de 5 años. Por no poder, no puede ni movilizarse contra esa situación. No puede ni votar contra quienes no tienen en cuenta su situación. Para la izquierda es inasumible desde el punto de vista de los valores. Para la derecha debería serlo por el pragmatismo. Mantener a estos niños en situación de pobreza significa desaprovechar su talento. Es decir, estos niños no van a desarrollar sus facultades ni aportar a la sociedad todo aquello de lo que habrían sido capaces.

- Usted, más que como un político al uso habla como humanista involucrado en el problema, ¿de qué mundo proviene?

Soy profesor de la Universidad de Zaragoza, llevo muchos años dedicándome a la investigación sobre pobreza infantil y Estado de bienestar. He escrito mucho sobre estos temas, en libros y artículos académicos, pero también en informes sociales y artículos de prensa. En la Oficina de Alto Comisionado mucha gente viene del mundo académico. Somos seis personas. Mis compañeros son investigadores del CSIC que han trabajado sobre pobreza, inmigración y otras cuestiones de Estado de bienestar. Yo he sido asesor de Save the Children, y he colaborado en distintos proyectos con UNICEF, FEDAIA, Fundación Bofill o EAPN. En ese sentido soy un académico, pero también un activista.

- ¿Europa está colaborando en los retos de este Comisionado?

Tenemos la función de propiciar esfuerzos comunes entre diferentes niveles de la Administración, también a nivel europeo. Nos interesa, por ejemplo, muy especialmente trabajar en que vea la luz la Garantía Infantil, equivalente a la Garantía Juvenil, que aseguraría fondos europeos para luchar contra la pobreza infantil. Otra labor es la de la movilización social. Estamos muy interesados en que la RSC de las empresas asuma, junto al gobierno y otros actores políticos y sociales, que esta debe ser una de sus prioridades. Hay empresas que son modélicas, por ejemplo, La Caixa, que llevan tiempo desarrollando programas de atención a la infancia con financiación a recursos básicos como gafas, atención dental, apoyo al refuerzo escolar o acceso al deporte. Lo que nosotros queremos ayudar a ampliar los programas que ya funcionan, y que las empresas que ya trabajan con la infancia impriman a sus actuaciones mayor sello social. Trabajamos para indicarles hacia dónde orientar estos recursos. Les hemos propuesto una serie de programas para que puedan desarrollarlos, tanto liderándolos, como en coaliciones de empresas con el comisionado, dirigiendo los mayores esfuerzos hacia familias y niños en situación vulnerable. Por ejemplo, estamos eleaborando con la Agencia Tributaria un mapa de la pobreza infantil que pueda ayudarnos a encauzar los recursos donde más se necesita.

- ¿Qué porcentaje hay de españoles y extranjeros en esta situación de vulnerabilidad?

Aproximadamente, en situación de pobreza severa, hay un 80% de niños con padres españoles y un 20% de niños cuyos padres han nacido fuera, pero muchos ya están nacionalizados españoles.

- ¿Cómo quedarían estos porcentajes en relación con la población total?

En España hay más o menos un 12% de niños cuyos padres han nacido fuera. Ese 12% representa un 20% de la población pobre. Es decir, hay una sobrerrepresentación de estos niños pero no es algo exagerado. El 80% de la pobreza infantil se da en niños nacidos en España y cuyos padres han nacido en España. Nos podrán reprochar desde la extrema derecha diciendo que las ayudas se van a los extranjeros, pero no es verdad. Aunque lo fuera, seguirían estando justificadas las ayudas porque los niños tienen derechos inalienables y nosotros tenemos el compromiso de hacerlos efectivos, pero ni siquiera es verdad.

- Lleva muchos años investigando sobre la pobreza infantil. ¿Supone para usted una dificultad o una oportunidad pasar de la teoría a poder poner soluciones a este problema?

Llevo cuatro años antes de llegar a esta oficina ayudando a Luisa Carcedo, hoy Ministra de Sanidad, a desarrollar estas y otras políticas sociales junto al grupo de académicos de los que ella se rodeó para impulsar este tipo de medidas dentro del programa electoral del PSOE. Somos académicos con conciencia de que todo lo que desarrollábamos en el plano teórico debíamos vehicularlo hacia la política, tanto al activismo como a la política. Yo soy un convencido de que lo que cambia un país es el BOE, o los presupuestos generales, no los grandes discursos. Por eso, cuando Luisa Carcedo fue nombrada tras la moción de censura me llamó para que la ayudara con el Plan VECA de ocio educativo y garantía alimentaria. Acabó convenciéndome de que me viniera a la Oficina con ella y hacer política con ella. Después Carmen Montón dimitió, Luisa Carcedo pasó a Sanidad y yo pasé a liderar la Oficina.

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