El desafío constante de la regeneración democrática

El desafío constante de la regeneración democrática

La reclamada regeneración democrática, tras años de involución y zonas de opacidad en el sistema democrático, exige otras formas de hacer política y de gobernar, haciéndolo desde la ética pública, la transparencia, la democracia participativa y la deliberación con la sociedad y la rendición de cuentas. En esos términos, gobernar para combatir el desprestigio de los políticos e instituciones no es tarea fácil porque una nueva cultura de valores, a la hora de gestionar el Gobierno, no se improvisa.

Debe quedar claro que regenerar la política y las instituciones es un objetivo que va más allá de combatir la corrupción. Supone poner en marcha procesos democráticos innovadores de cara a posibilitar Gobiernos y Parlamentos abiertos. Y una de las claves de esa apertura reside en empoderar a entidades y colectivos como interlocutores representativos de la sociedad civil para desarrollar una gobernanza relacional y compartida como paradigma en la concepción del poder.

Vivimos un momento histórico, reconociendo la crispación y las dificultades del actual escenario político, para liderar una catarsis de la vida política institucional. Catarsis que introduzca en el día a día una cultura de valores democráticos referidos a la forma de entender la política como herramienta para la búsqueda de acuerdos, la transformación del sistema económico para ponerlo al servicio del interés general, un reparto justo del crecimiento y la eliminación de mecanismos de la democracia atrofiados en años pasados.

La aprobación de la Moción de Censura ha abierto un tiempo excepcional en el que el sistema democrático incorpore la primacía del diálogo político y social en línea con una permanente búsqueda de acuerdos y pactos; profundice la interlocución con la sociedad y sus agentes desarrollando las buenas prácticas de una democracia participativa y deliberativa; respete el pluralismo y una información veraz desde los medios públicos de comunicación; garantice la transparencia de las decisiones de un gobierno abierto en aplicación de un código ético y de buen gobierno; promueva la cooperación, eficacia e integridad en el funcionamiento de las administraciones; garantice la elección de los miembros de los órganos constitucionales, Consejo General del Poder Judicial, Presidencia de RTVE y otras instancias reguladoras en base a los principios de mérito, capacidad, consenso amplio y no partidismo; y consolide la rendición de cuentas y el sometimiento del Gobierno al control del Parlamento.

En respuesta a una etapa de oscuridad en España, presidida por la pérdida de vitalidad de la democracia, el retroceso del Estado de Bienestar y la precarización del empleo, la perversión del principio de la división de poderes, el cisma territorial, el cáncer de la corrupción y el peso de los poderes económicos especulativos en las decisiones de gobierno, resulta obligado repensar el concepto de gobernanza y de ciudadanía.

La regeneración se apoya en una gobernanza cívica que contribuye a la estabilidad política y a la transparencia. Y se entiende, de un lado, como la colaboración e interacción habitual y de buena fe entre las administraciones de diferente nivel y organismos público-privados con el objetivo de cooperar en la mejor defensa del interés general en un mundo globalizado. Por otro, la gobernanza busca una mayor eficacia y calidad en la gestión de las instituciones, así como más legitimidad en sus decisiones lo que les lleva a interactuar y deliberar antes de la toma de decisiones con las organizaciones de la sociedad civil.

El desafío constante de regeneración de la democracia no puede estar dirigida solo a los políticos. Ha de favorecer una ciudadanía democrática participativa, defensora de la convivencia en ciudades con identidades compartidas, abierta a la comprensión de la diversidad y la importancia de los derechos humanos, corresponsable de su ejercicio ciudadano y consciente tanto de sus derechos básicos como de sus deberes y obligaciones cívicas. Entre estas cabe destacar la disciplina fiscal, la corresponsabilidad, las prácticas de solidaridad, los hábitos de vida saludables y los hábitos en favor de la sostenibilidad.

Las nuevas vías democráticas de acción política aquí esbozadas y los procedimientos participativos en la deliberación de cara a la toma de decisiones, darán a la ciudadanía y a la sociedad en general más confianza en la política. Si además van acompañadas de un ejercicio permanente de pedagogía y de realismo, sin cejar en las transformaciones para avanzar en materia de igualdad, se podrá superar el mar de incertidumbres que tratan de ahogar la democracia.

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