Juana Rivas y el "fuego amigo"

Juana Rivas y el "fuego amigo"

Todo en el caso de Juana Rivas nos provoca, cuanto menos, estupor. Pero lo acaecido en los últimos días raya casi lo surrealista. Si el gran Buñuel hubiera querido escribir un guión de terror podría parecerse mucho a la situación que están viviendo esta mujer y sus dos hijos.

Se ha hecho especial hincapié demasiadas veces en querer presentarnos frente a la opinión pública a Juana Rivas como una persona inestable, poco confiable y ante todo manipulable. Una mujer con poco criterio, incapaz de tomar decisiones acertadas, siempre guiada por un grupo de personas malvadas y aprovechadas que, lejos de querer ayudarla, lo único que han buscado es su propia propaganda personal.

Me enorgullezco bastante de pertenecer a ese grupo de personas, a las cuales el juez que condenó a Juana a cinco años de cárcel por no querer entregar a sus hijos a un hombre condenado en firme por maltrato, nos calificó como masa de personas visceral y poco racional. Un grupo de personas, bastante numeroso, por cierto, donde están abogadas y abogados, periodistas, vecinas, amigos, políticas, y cualquiera que haya querido arrimar el hombro, que ayudan en lo que pueden, pero que siempre teniendo el objetivo final de que los dos hijos de Juana Rivas disfruten de su derecho fundamental a vivir una vida libre de violencia.

Y cada cual ha aportado lo que ha podido. Pero nunca se hizo ninguna de las dos siguientes cosas: primero, nunca se animó a Juana a cometer ningún delito, puesto que querer proteger la vida de tus hijos no es un delito. Y segundo, nunca se le faltó al respeto a Juana ni cuestionamos sus decisiones que, en última instancia, y como pasa siempre, es ella quién las toma.

Y sin embargo, esto último ha dejado de pasar esta semana. Mientras Juana Rivas estaba en Italia, con su hijo menor con un hematoma en la espalda, y su hijo mayor clamando por que le escuchara algún juez para explicarle que eran víctimas de maltrato por parte de su padre; mientras la abogada de Juana en Italia tuvo que volar a Caglilari rápidamente para apoyarla en su reunión con el cónsul español en Italia, primera ocasión por cierto en la que el gobierno de España se interesa directamente por su situación; mientras un juez de lo civil en Italia se negó a tener en cuenta las lesiones del hijo menor, en una nueva manifestación de violencia judicial contra esta mujer, otra más; mientras este mismo juez obligaba a Juana a entregar a sus hijos al padre, y así lo hizo, la persona que encabezaba su defensa, que ya no, no se encontraba con ella, sino que, haciendo gala de su gusto por las apariciones públicas, se encontraba haciendo declaraciones a un conocido programa matinal de una cadena nacional.

Estas declaraciones no fueron, como podríamos pensar a priori, en apoyo a su clienta. En lugar de eso, la persona que encabezaba su defensa, que ya no, pasó más de diez minutos en antena en directo aireando los pormenores del proceso judicial, relatando los correos que se había enviado o no con el resto del equipo de Juana, cuestionando a su clienta y a cualquiera que esté a su lado, y lo mejor, dando un ultimátum público a Juana Rivas sobre las condiciones para seguir con su defensa.

Cualquiera que lleve más de cinco minutos en la profesión de la abogacía sabe y ejerce un secreto profesional absoluto sobre los asuntos de sus clientes. Puede haber y hay desacuerdos, pero no se exponen en la televisión, puesto que eso, en poco o en nada ayuda en la consecución de los intereses de tu clienta, por mucha publicidad gratuita que eso le pueda conllevar a quién lo haga. Pueden cuestionarse todos los aspectos del caso, incluso podríamos cuestionar si no alegar, como hecho central, en el juicio en el que se condenó a tu clienta a 5 años de cárcel que existían malos tratos, justo como lo recoge como eximente en el delito de sustracción de menores el art. 225 del Código Penal, es una buena o mala estrategia de defensa.

Pero lo que en ningún caso se puede hacer es exponer públicamente a la persona que ha puesto su vida en tus manos, confiando en tu buen hacer profesional, como una persona que no sigue tus consejos, en un intento bastante patético de lavarse las manos en lo que pudiera pasar a futuro. Un golpe más a Juana Rivas. Por suerte esta vez, Juana ha dicho basta y no ha querido soportar ningún otro golpe, y menos de fuego amigo. Y por desgracia para quien encabezaba su defensa, que ya no, los paseos por los platós de televisión a costa de ella, han terminado.

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