La era Sánchez: solidaridad, igualdad, sororidad y derechos humanos

La era Sánchez: solidaridad, igualdad, sororidad y derechos humanos

Hay principios que son imposibles que recoger en un cartel, por muy grande que sea el cartel. De hecho, principios como el respeto a los derechos humanos y la dignidad de las personas no se pueden dibujar con los mismos colores con los que se anuncia un coche o una marca de refrescos.

Acostumbrados como estábamos los últimos años a desear que la vulneración de los DDHH fuera un poco menor de lo que nos acostumbraba una derecha que medía toda su acción por el índice de beneficio económico y sin la variable del respeto a la dignidad a las personas, de repente, en medio del naufragio seguro y de la aberración que supone considerar que seres humanos que huyen de la muerte en tierra aventurándose a las garras de la mar en barquitos de papel, aparece el Aquarius como ese barco de los cuentos de héroes de carne y hueso en el que o hay piratas ni princesas, sólo seres humanos que cuidan de otros seres humanos.

La vieja Europa se ha convertido en la vieja y rancia Europa gobernada por la insolidaridad de quienes han olvidado excesivamente rápido su Historia, de quienes han olvidado que no hace tanto tuvieron que huir para salvar sus vidas.

Las dictaduras lo son siempre, pero para quienes sienten añoranza de tiempos dictatoriales pasados, la raza sigue siendo el matiz necesario de la solidaridad o la falta de ella. Sus corruptos, sus machistas, sus ladrones, sus maltratadores, sus desechos siempre son mejores que las dramáticas historias de supervivencia, de guerras perpetuas que han ido menguando sus vidas, sus familias, lugares donde lo único que crece es el miedo, lugares donde las madres mueren, a veces físicamente, y a veces sólo por dentro cuando dejan a sus hijos a merced de la benevolencia de un mar que su tierra no les proporciona.

Ayer, el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez siguió abriendo esas ventanas infinitas de la dignidad, de la solidaridad y los derechos humanos. Y lo hizo acompañado de un coro celestial de solidaridad de las comunidades autónomas que se han ofrecido a acogerles. Las mismas Comunidades que ya insistieron su disponibilidad al acogimiento durante meses al Gobierno de la España de Rajoy, insensible a más sufrimiento que el de sus corruptos.

Llevamos pocos días recibiendo tanto aire puro, tanta dignidad, igualdad y avance de otra forma de hacer política que es imposible evitar emocionarse, sentir cosquilleo en el estómago e incluso evitar alguna lágrima. Se le llama justicia social para quienes son iguales que esta humilde periodista a la que separaban varios abismos de la realidad dibujada por el PP que hoy sólo es capaz de articular excusas cada vez más chanantes sobre la realidad en la que habían vivido su propia y corrupta fantasía.


Lejos del ideario de la derecha de la beneficencia, lo que España ha hecho es aplicar derechos. Derechos Humanos fundamentales, los que no distinguen razas ni credos.

Si estos últimos días tuviera que hacer una sintonía de la nueva realidad hablaría de sororidad, solidaridad, igualdad y feminismo. De aprendizaje e ilusión colectiva. De no acostarse cada día sin aprender una cosa más, de no sentir ansia de seguir haciéndolo. De seguir manteniendo el orgullo intacto y la conciencia tranquila.

Una letra que estoy segura que molestaría a muchos a los que les leemos auténticas proclamas xenófobas ante la decisión de evitar la segura muerte de las más de 600 personas que están en el Aquarius. Son los mismos que consideran que nuestros recursos son finitos, pero que contratan a esa inmigración como mano de obra barata y esclava para cuidar de sus hijos y ancianos (que se supone que debieran ser lo mejor de sus vidas), meten en un coche para abusar de su cuerpo por unos miserables euros o son explotadas laboralmente y acosadas físicamente porque son pobres y necesitan trabajar para poder sobrevivir. La hipocresía del supremacismo paternalista es cada vez más insufrible y cada vez tiene amarras más débiles para una sociedad que el 8 de marzo se hizo cargo de su propio futuro.


Quienes elevaron su figura política asegurando que el bipartidismo compartía cordón umbilical ayer se estamparon contra la realidad de un Gobierno, el de Pedro Sánchez que está destruyendo a marchas forzadas sofismas y prejuicios, y que tiene como reto consolidar este nuevo tiempo que haga sentir que cualquier tiempo pasado fue peor.

El sólo pensamiento de volver a la atmósfera de naftalina y el hedor de la corrupción se convierte en una angustia inasumible porque la miel de la libertad es el néctar más valioso.

Mientras tanto, bienvenidos a esta vuestra casa en el mundo.

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